Libro: «Mi comunión de María»

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1. UNER: las Marías y los discípulos de San Juan

San Manuel González fundó la Unión Eucarística Reparadora. Está formado por cinco grupos para laicos y otros tres para consagrados. Dentro de los grupos para laicos están “las Marías de los Sagrarios” y los “Discípulos de San Juan”, además de la Juventud Eucarística Reparadora, la Reparación Infantil Eucarística y un grupo de Matrimonios.[1]

¿Por qué Marías? ¿Por qué Discípulos de San Juan?[2] Porque fueron ellas las que supieron estar de pie junto a la Cruz. Así lo expresa San Manuel: “Se dice de las Marías porque trata de reanudar e imitar, cerca del Corazón Eucarístico abandonado, el ejemplo de María Inmaculada al pie de la Cruz y de aquellas piadosas mujeres del Calvario, llamadas por el pueblo cristiano con el nombre familiar de las Marías».

Sigue diciendo, «un fervoroso novicio benedictino, enterado de la obra por la revista “El Granito de Arena” y entusiasmado por ella, me escribió pidiéndome el puesto de San Juan Evangelista para él y sus connovicios. Mi respuesta, como es de suponer, fue afirmativa y desde entonces comencé a proponer el puesto de San Juan a los hombres y a pedirles que se hicieran los Juanes de esos Sagrarios-Calvarios… aunque su propagación no ha corrido pareja con la de las Marías – pues parece que se sigue conservando para nosotros, los hombres, la triste proporción de un Juan por tres Marías del Calvario- no deja de extenderse con solidez de cimientos y eficacia de frutos».

2. EL libro “Mi comunión de María”

A partir de 1920, don Manuel comienza a publicar algunos artículos sobre temas eucarísticos en la revista El Granito de Arena, dentro de las secciones «El abandono» y «La compañía». En 1924 fueron reunidos formando el libro Mi Comunión de María[3]. Esta publicación es una de sus obras más conocidas, y su contenido contribuyó a profundizar en el carisma y misión de la Obra de las Marías de los Sagrarios.[4]

Con este libro, San Manuel quería hacer “que la vida de cada comulgante sea hosticéntrica, es decir, que todos los días y todas las obras giren alrededor de Cristo Eucaristía. ¿Y cuáles son los medios para lograrlo? «Mucho Evangelio paladeado y mucha Liturgia saboreada»”[5].

Escritas estas meditaciones a la luz del Evangelio y de la lámpara del Sagrario, don Manuel nos introduce en: 1. La doctrina de la Comunión (qué es comulgar, qué es comulgar una María, en unión de María Inmaculada); 2. La práctica de la Comunión (la preparación, la acción de gracias); 3. Temas de conversaciones afectuosas (hambre de Jesús, corazones vacíos, paladeo de oración e imitación). Las meditaciones se estructuran en dos partes: partiendo de un mismo título (en general basado en el Evangelio, en alguna fiesta litúrgica o en un tema eucarístico), se desprenden dos reflexiones: una para realizar antes de comulgar, y otra después de haber comulgado, como acción de gracias, finalizando con una breve florecilla, dirigida a María Inmaculada o al Corazón de Jesús.

Don Manuel recurre en varios de sus escritos el género florecillas, utilizado en la literatura cristiana para transmitir un mensaje breve y edificante, en torno a la persona de un santo o de un tema de devoción. También lo encontramos en este libro, al finalizar cada meditación. En este caso se titulan «florecillas de mi Comunión» y consisten en una breve y profunda oración, realizada por quien, habiendo comulgado, desea entregarse con amor y fidelidad a Jesús Eucaristía. Esta oración va dirigida, en la mayoría de los casos, a María Inmaculada, nuestra Madre y Maestra de vida eucarística.

3. ¿Qué es «comulgar una María»?

Dice el mismo santo: “Porque ocurre a esta nuestra amadísima Obra de los Sagrarios-Calvarios una cosa que no ocurre a las demás Obras o Congregaciones. En éstas la Comunión diaria será a lo más una aspiración, un consejo o un fruto; en la nuestra es no sólo su condición indispensable, sino su esencia, de tal suerte que no se da Obra de Marías sin Comunión diaria sacramental o espiritual, cuando no puede ser aquélla. Si, pues, ser María es esencialmente comulgar en desagravio del abandono en que lo tienen los que no comulgan, a nadie ni a ninguna Obra le interesa tanto saber comulgar como a la María y a su Obra. ¿Cómo va a sentirse desagraviado y compadecido el Corazón de Jesús en sus Sagrarios, abandonados de comulgantes, con Comuniones rutinarias, frías, si no mezcladas con sentires y quereres del mundo, en las que el desairado Huésped en vez de calor y finezas que lo consuelen encuentre ignorancias, durezas, disipaciones y groserías que en vez de consolarlo lo entristezcan?…”

Le escribía una María a Don Manuel: «Debo a su libro MI COMUNIÓN DE MARÍA quizá el mayor bien de mi vida… Yo he llorado mucho, sin consuelo, con amargura, con desesperación… La lectura de su libro me ha enseñado a llorar en paz… No se me ha quitado la cruz, sigue en pie en medio de mi corazón y de mi vida; pero en su libro he aprendido a no odiarla, a no temerla y ¡hasta a amarla!… Desde que he aprendido que Jesús viene a mí en Cruz, yo me he alegrado de ir también a Él en la mía… Qué dichosa me siento, aunque llore, cuando puedo juntar en mis Comuniones las dos cruces, la de Él y la mía, y decirle con toda el alma: ¡hostia por Hostia!»

Que María nos enseñe a ser personas eucarísticas, cortadas a la medida de su Corazón.


[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Misioneras_Eucar%C3%ADsticas_de_Nazaret

[2] https://www.uner.org/wordpress/quienes-somos/quienes_msdj/

[3] Mi Comunión de María (5ª edición, 1933). https://books.google.com.pe/books?id=Ke85DwAAQBAJ&printsec=frontcover&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

[4] https://www.uner.org/wordpress/2017/10/18/palabras-de-santo-octubre-2017-mi-comunion-de-maria/

[5] (cf. El Granito de Arena, 20/11/1924, pp. 674-675).

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