Siete cosas que nos enseña el ateísmo de Ricardo Morán

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La mayoría de peruanos sabe quién es Ricardo Morán, actor, productor, comediante y animador. Es mediático, abanderado del lobby LGTB y defensor de las ideas más progresistas, woke, antifamilia y últimamente ha mostrado su rostro más blasfemo y ateo. Todo esto, por supuesto, bajo la divisa de “tolerancia, inclusión y amor”… (con los que piensen como él). Es decir, ataca cualquier cosa que no se ajuste a la propia autodeterminación, por más perversa que sea y defiende cualquier forma de expresión por la que pueda dar rienda suelta a sus pasiones desaforadamente. Piensa que el concepto de “mamá” es una imposición ideológica, por lo que se cree en la potestad de, básicamente, “comprar” dos hijos, usarlos como enganche afectivo para sus opiniones y mentirles diciendo que sí, que su familia está completa y que todos los demás niños son unos cretinos pensando que son más felices por tener una mamá.

Hace unos días, me reenviaron el episodio de podcast que hace junto a su hermana, llamados “Moranmente incorrectos”, en el cual profiere blasfemias como un endemoniado en el último circulo de Dante y que no sabe qué más decir para demostrar su ignorancia e irracionalidad. Esta amiga me preguntaba sorprendida: “¿Cómo puede haber gente así?” Es decir, cómo puede haber gente que esté tan cegada, tan obcecada por su propio juicio y su voluntad de poder que se cierre a toda explicación racional que le diga que no es el centro del mundo….

Y es que en tres minutos habla del pacto con el diablo y cómo los famosos son los mejores propagandistas porque tienen todo lo que quieren, habla del sufrimiento como algo atroz y como lo único que ofrece el cristianismo y que por eso “la vida con Dios es una m…”. Que el cristianismo solo ofrece es un lote en el paraíso, en cambio el diablo te da ya aquí lo que tú quieras, con tal que vendas el alma, llegado a afirmar que no tenían alma. “Yo quiero firmar”, decían.

Esto me da pie para poner en evidencia algunos temas:

1.      Ignorancia

Primero, la impresionante ignorancia, poca cultura y superficialidad por parte de estas dos personas, que son reflejo de la ignorancia acerca de temas fundamentales en los que la sociedad actual está inmersa. Por ejemplo, a nivel natural: la realidad de la existencia de Dios, nuestra condición humana de creaturas, la moral objetiva y el sentido de la vida. A nivel sobrenatural: el fin último de nuestras vidas, el sentido de la muerte y del sufrimiento, la existencia del demonio y la perfección humana a la cual Dios quiere llevarnos a través del cumplimiento de su voluntad.

2.     Inmanentismo

Segundo, el inmanentismo de la cultura moderna. ¿Qué quiere decir? Dice el P. Alfredo Sáenz[1]: “Entendemos por inmanencia la actitud del hombre que vive en la tierra como si” no existiera más nada después. “La palabra inmanentismo viene del latín in-manere, «permanecer en». Es lo contrario a trascendentalismo – de trans-scendere– que significa la disposición a ir más allá, pasar más adelante”. Como lo que saben que esta vida no es el fin, sino que hay otra después. Este modo de ver la vida se encuentra en los filósofos modernos, sobre todo alemanes, que para entender la realidad no parten de lo que está fuera de su mente, de lo real; sino que parten de sus propias ideas. “El hombre se encierra en sí mismo”. “El inmanentismo filosófico se vuelve absoluto, fundando la actitud antropocéntrica y soberbia del hombre moderno, conocer del bien y del mal”. Algo que podemos ver reflejado en el modo de pensar de todos los que defienden la “perspectiva de género” según el lobby LGTB.

3.      Hedonismo

Tercero, cómo es que el hedonismo ha llegado a cauterizar, a blindar, las conciencias contra toda realidad trascendente, tanto como para que las personas crean que el fin de toda la vida es huir absolutamente del sufrimiento y cumplir tus propios caprichos, incluyendo el tener hijos por satisfacer una necesidad personal.

¿Qué significa hedonismo? Viene del griego edoné, que significa placer, es un sistema filosófico moral que iguala el bien al placer. Es decir, algo es bueno si te produce placer. Como bien explica el P. Alfredo Sáenz: “Según esta manera de ver, el hombre encuentra su felicidad plenaria en el placer, el placer actual, inmediato, sensible. El hombre, según los hedonistas, está sujeto a la soberanía del instante…presupone la superioridad del placer físico sobre el moral, y el principio del egoísmo, mi placer sobre todo….No importa lo que la moral diga de cada acto; lo importante es el placer que en ellos pueda encontrarse”. Como afirma Viktor Frankl: “en lugar de la primera orientación del hombre a un sentido se ha puesto su pretendida determinación por los instintos, y en lugar de su tendencia a los valores, que tan característica es del hombre, se ha puesto su tendencia ciega al placer” (La idea psicológica del hombre, Rialp, Madrid 1979, pp.95.106).

Siguiendo la descripción fenomenológica del hombre moderno, el padre Sáenz dice que estas personas hedonistas ven el sufrimiento como un agresor y que -influenciados por Freud- quieren dejar salir su hombre primitivo inconsciente, borrando cualquier tabú que le quite libertad, particularmente en el campo del sexo, confundiéndolo con “amor”; y a su vez, confundiendo “bienestar” con “felicidad”.

4.     Ateísmo y satanismo

Cuarto, el ateísmo[2] y cómo hace falta respuestas al llamado “problema de Dios”, es decir a los planteamientos que surgen luego de vivencias que nos hacen preguntarnos si Dios existe, qué es y por qué actúa así. El responder éstas preguntas supone un riesgo para el hombre, como dice el P. Cornelio Fabro. Por eso, otro filósofo llama al ateísmo “la religión de la fuga” frente a Dios o, “con terminología kierkegaardiana, de la «angustia de Dios», cuando se rechaza la fe para caer en lo demoniaco”, como hemos visto en esta última intervención de Ricardo Morán blasfemando a todo trapo y manifestando su deseo de hacer un pacto con el diablo.

Recuerda lo que escribía Jean Ousset, cuando citaba una invocación demoniaca de Proudhon, anarquista francés: «¡Ven Satanás! Ven tú, calumniado de los sacerdotes y de los reyes. ¡Quiero abrazarte, quiero estrecharte contra mi pecho! Ya hace tiempo que te conozco y tú también me conoces. Tus obras, ¡oh bendito de mi corazón!, no son siempre hermosas, ni buenas; pero solamente ellas dan un sentido al universo impidiéndole ser absurdo (…) No tengo a tu servicio más que una pluma, pero equivale a millones de publicaciones»[3].

5.     La “moral atea” es antinatural

Quinto, una consecuencia de el ateísmo, es la “moral atea” lo cual es una contradicción para el P. Fabro y Santo Tomás. Porque la moral hace referencia a un fin, y el fin natural y sobrenatural del ser humano es Dios, por lo que la moral debe siempre decirse con respecto a Dios. Una moral atea es una moral que deja al hombre sin su propio fin, no es que quitándole lo sobrenatural lo deja en lo natural, sino que lo hace infranatural, antinatural dice Chesterton, como podemos ver en toda la moral propugnada por esta gente. Parece que se hace la misma pregunta de Nietzsche: “Si Dios existe, ¿cómo puedo tolerar no ser yo Dios?”.

Recuerda el P. Fabro[4] que el mismo satanás no podía negar a Dios ni volverse ateo, pero sí podía rebelarse contra Dios contraponiendo a la gracia la manifestación del propio yo, quiere cerrar su cerco, autoplenificarse y autobeatificarse, encerrándose en su propio yo, lo que antes habíamos llamado inmanencia.

6.     La contradicción de la “tolerancia”

Sexto, la contradicción del concepto de “tolerancia” progre y el vacío existencial que supone la palabra “amor” en las vidas de personas que solo tratan de llenarse consigo mismas. Son tolerantes con los que piensan como ellos.

7.     Necesidad de espíritu combativo

Séptimo, finalmente, la necesidad de los católicos a tener espíritu combativo. Frente a estos ataques contra lo más importante de nuestra vida, como es Dios, su bondad, su autoridad, ¿qué decimos? Esto es una oportunidad para vivir nuestra vida con Dios con alegría y a plenitud, justamente todo lo contrario a lo que piensan estos hedonistas materialistas. Es una oportunidad para conversar del verdadero sentido de la vida con nuestros familiares y de cómo sin Dios se pierde todo sentido en la vida.

León XIII en la encíclica Sapientiae Christianae[5], “Sabiduría cristiana”, sobre los deberes de los ciudadanos cristianos de 1890, hablaba acerca de los deberes contra los enemigos de la Iglesia. Termino leyendo el párrafo que se aplica perfectamente a esta ocasión:

“Es de advertir que en este orden de cosas que pertenecen a la fe cristiana hay deberes cuya exacta y fiel observancia, si siempre fue necesaria para la salvación, lo es incomparablemente más en estos tiempos.

Porque en tan grande y universal extravío de opiniones, deber es de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que está obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas. Pero cuando la necesidad apremia no sólo deben guardar incólume la fe los que mandan, sino que cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles [como dice Santo Tomás de Aquino[6]]. Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos.

Y tanto más se ha de vituperar la desidia de los cristianos cuanto que se puede desvanecer las falsas acusaciones y refutar las opiniones erróneas, ordinariamente con poco trabajo; y, con alguno mayor, siempre. Finalmente, a todos es dado oponer y mostrar aquella fortaleza que es propia de los cristianos, y con la cual no raras veces se quebrantan los bríos de los adversarios y se desbaratan sus planes. Fuera de que el cristiano ha nacido para la lucha, y cuanto ésta es más encarnizada, tanto con el auxilio de Dios es más segura la victoria. “Confiad: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).

Y no oponga nadie que Jesucristo, conservador y defensor de la Iglesia, de ningún modo necesita del auxilio humano porque, no por falta de fuerza, sino por la grandeza de su voluntad, quiere que pongamos alguna cooperación para obtener v alcanzar los frutos de la salvación que Él nos ha conquistado.”


[1] Alfredo Sáenz. El hombre moderno. Una descripción fenomenológica. (2008). Buenos Aires: Gladius.

[2] Cornelio Fabro. Drama del hombre y misterio de Dios. (1977). Madrid: Rialp. Pág.52

[3] Jean Ousset. Para que Él reine. (1961). Madrid: Speiro. Pág 137

[4] Cornelio Fabro. Riflessione sulla libertà (2004). Segni: EDIVI. Pág. 267

[5] https://es.catholic.net/op/articulos/42901/cat/414/enciclica-sapientiae-christianae.html#indice

[6] https://hjg.com.ar/sumat/c/c3.html#a2

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