Acabamos de escuchar en el Evangelio que el Señor nos dice: “No anden agobiados pensando qué van a comer, o qué van a beber, o con qué se van a vestir” (Mt 6,31).
Y claro, uno podría decir: “Pero, Señor, ¿cómo no me voy a agobiar? ¿Qué les doy de comer a mis hijos? ¿Qué les doy de beber? ¿Con qué los visto?”.
Eso podría decirlo cualquier papá… y con mucha razón.
“¿Cómo no me voy a agobiar si muchas veces me siento solo? ¿Cómo no me voy a agobiar si cargo problemas que a veces no puedo contarles a mis hijos, o me da vergüenza contarle a mi esposa? ¿Cómo no me voy a agobiar si siento que no puedo educar bien a mis hijos? ¿Cómo no me voy a agobiar si no puedo darle a mi familia todo lo que quisiera?”.
Entonces uno podría decirle al Señor: “¿Por qué vienes a decirnos que no nos agobiemos, si ya estamos agobiados por problemas reales?”.
Y nos damos cuenta de algo: aunque tengamos fe, no basta con decir: “reza nomás”. Hay cosas que los hombres cargan. Y muchas veces las cargan solos.
1. Cuando el hombre carga solo
A veces por orgullo, a veces por responsabilidad, a veces porque uno siente que tiene que ser “el hombre de la casa”, el sostén, el fuerte, uno trata de cargar todo solito.
Y eso va pesando cada vez más.
Te sientes solo. Y a veces no ayuda que los demás no vean lo que llevas por dentro. A veces uno mismo está distraído, metido en el trabajo, en el mundial, en sus preocupaciones, en cosas que quiere hacer bien y no le salen: preparar una lonchera, lavar algo, ordenar la cocina, entender a la mamá, entender a los hijos.
Ojo, hay que decirlo también: a veces la esposa, aunque tenga razón en algunas cosas, se lo saca en cara al esposo, incluso delante de los hijos. Y eso no ayuda. Eso lo hace sentirse más solo, más torpe, más poca cosa.
No hay que hacer sentir más tonto al hombre de lo que a veces ya se siente. Hay que ayudarlo a levantarse.
2. Cuando el papá siente que no sabe educar
Otra carga es ésta: uno se da cuenta de que no siempre sabe educar bien a los hijos.
Y a veces es porque a nosotros tampoco nos educaron bien. Tal vez nuestro propio papá no estuvo tan presente. Hizo lo que pudo, así como tú estás haciendo lo que puedes.
Entonces perdemos la paciencia, respondemos mal, nos refugiamos en la televisión, en salir con amigos, en llegar tarde, en no hacernos cargo. Tal vez no nos dieron ejemplo, pero ahora ya estamos grandes. Hay que ver qué se puede hacer y hacerlo lo mejor posible.
Y además criar hoy no es fácil. Muchos de nosotros crecimos sin celular, sin redes, sin esta presión de ahora. Después del Covid, el mundo cambió bastante, y los hijos también. Las profesoras lo pueden decir.
Criar buenos hombres y buenas mujeres en este mundo es duro. Pero Dios te los ha encomendado.
Y si Dios te encomendó una familia, es imposible que no te ayude.
3. Cuando no se puede dar todo lo que uno quisiera
También hay papás que sufren porque no pueden darle a su familia todo lo que quisieran.
A veces uno ha tratado de hacer las cosas bien: ser honesto, no aceptar coimas, no pisar a los demás, dar buen ejemplo. Y justamente por eso quizá no consiguió un mejor empleo.
O puede ser al revés: tal vez uno se equivocó, hizo algo que no estuvo bien, perdió una oportunidad, perdió un trabajo.
Sea como sea, siempre hay algo que se puede hacer. Y tal vez eso es lo mejor que un hijo puede aprender de su padre: verlo empezar de nuevo.
Un hijo no necesita ver un papá perfecto. Necesita ver un papá que, cuando cae, se levanta.
¡San José también pasó por esto!
Pero hay alguien que pasó por estas penas: San José.
San José también se sintió solo. También cargó cosas que no entendía. Cuando vio que María esperaba un hijo, él no sabía qué hacer. Podía denunciarla según la ley, o podía retirarse en silencio. Y decidió no exponerla, sino dejarla en secreto (Mt 1,18-19).
Estaba solo con ese peso. Hasta que el ángel se le apareció en sueños y le dijo que no temiera recibir a María, porque lo concebido en ella venía del Espíritu Santo (Mt 1,20).
Cuando tú te sientas solo, habla con San José. Tal vez no se te va a aparecer un ángel ni se va a solucionar todo al toque. Pero Dios te va a ayudar de alguna manera. Tal vez te presentará un buen amigo, alguien con quien puedas hablar, alguien que te ayude a cargar.
San José también tuvo que enfrentar momentos en que no entendía a Jesús. Cuando Jesús se quedó en Jerusalén y sus padres lo buscaron angustiados, María le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?”. Y Jesús respondió: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?” (Lc 2,48-49).
San José también tuvo que sentirse pequeño frente al misterio de su Hijo. Por eso pídele: “San José, ayúdame a criar a mis hijos. Así como tú cuidaste a Jesús, ayúdame a cuidar a los míos. Ayúdame a ser ejemplo para ellos, incluso en medio de mis pecados”.
Y San José también supo lo que es no poder darle a su familia lo que uno quisiera. Imagínate: tu esposa está por dar a luz y no tienes un lugar adecuado. Y el Niño nace en un pesebre, porque no había sitio para ellos (Lc 2,7).
Tal vez tú también dices: “No tengo la casa que quisiera, no tengo el trabajo que quisiera, no tengo la tranquilidad que quisiera. No le doy a mi esposa ni a mis hijos todo lo que quisiera”.
Habla con San José. Dile: “Tú también pasaste por esto. Ayúdame a ser buen custodio de mi esposa, de mis hijos, de mi casa”.
No están solos
Así que, papás, no se sientan solos. No se sientan malos papás porque no saben educar perfectamente. Se va aprendiendo.
No se sientan indignos de su familia. Dios los hace buenos, pero hay que dejarse trabajar por Él con humildad.
Y a las esposas, a las mamás, a los hijos y a las hijas: hay que entender también a los papás. El hombre no se casa y le viene un manual para ser buen esposo y buen padre. Es difícil. Así como es difícil ser mamá, también es difícil ser papá.
Pidámosle a San José que acompañe a nuestros padres, que los sostenga, que los enseñe a levantarse, y que los ayude a cuidar bien a la familia que Dios les ha confiado.
Ave María Purísima.
*Homilía predicada en el Colegio Juan Pablo Magno (Arequipa) el 20 de junio del 2026. Celebración del día del padre.
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