Apologética cuaresmal: ¿qué pasa si Dios no me hace caso?

“Haz caso de mi grito de auxilio, Rey mío y Dios mío” (Sal 5,3). Esa es la antífona de entrada.

Y la pregunta sale sola: ¿y qué pasa si Dios no me hace caso?

Este tema —la oración y el “por qué Dios no me escucha”— es una de las causas por las que muchos católicos se alejan de la fe. Pero para entenderlo bien, hay que aclarar al menos dos cosas: qué es la Providencia y qué es la misericordia. Recién ahí se entiende mejor la oración.

1. Providencia: Dios me da lo que necesito para llegar al cielo

¿Qué significa Providencia? Es cómo Dios provee a cada uno lo que necesita, lo que le conviene, para llegar al fin, que es Él mismo: llegar al cielo.

Con eso ya se entiende que tal vez lo que yo necesitaba para salvarme no era sacarme la lotería, sino tener que tocar puertas buscando trabajo.

Tal vez para ir al cielo no me convenía una vida “perfecta” sin humillaciones, sin límites, sin contradicciones, porque me volvería más soberbio. Y así, la puerta del cielo no se abriría tan fácilmente.

La Providencia es esto: Dios como Padre providente da a sus hijos lo que más les conviene, no siempre dulces, a veces también correcciones.

2. Misericordia: no es cumplir caprichos

¿Qué es la misericordia? No significa que Dios cumpla mis caprichos.

Que Dios sea misericordioso contigo no quiere decir: “Señor, hoy estoy cansado, ten misericordia y que sea feriado”, y si pasa algo y no vas a trabajar, decir: “¡Gracias, tuviste misericordia!”. No es eso.

La misericordia es dolerme del mal ajeno como si fuera propio, y hacer lo que esté a mi alcance por socorrerlo. Esa es la definición: ver el mal, dolerme, y tratar de remediarlo según lo que puedo, porque no soy Dios.

Por eso se entienden las obras de misericordia:

ves a alguien que sufre, y dices: “esto me podría pasar”. O ves a un familiar enfermo, y lo visitas. Ves a gente afectada por desastres, y haces lo posible por ayudar.

3. La oración

Entonces, ¿qué es la oración? Pedirle a Dios, darle gracias, pedir por otra persona, comunicarte con Él desde el corazón.

Cuando le pedimos algo a Dios, en el fondo estamos pidiendo que, en su Providencia, nos dé lo que más nos conviene para llegar al cielo. Y cuando decimos: “ten misericordia de mí”, le estamos pidiendo que se apiade de nuestro mal y nos socorra como Padre.

Por eso uno puede decir: “Señor, te pido que sanes a mi familiar. Escúchame, por favor. Te pido que sane esa enfermedad”. Pero también: “yo sé que en tu Providencia tú ves más que yo, y que lo mejor para mi familia, para esta persona, para su salvación, puede pasar por un camino que ahora no entiendo”.

Es bien difícil. Teóricamente lo podemos entender; en la práctica cuesta. Pero ahí aparece una verdad fuerte: la mayor misericordia que tuvo Dios con nosotros fue la cruz de Cristo.

Pidámosle a la Virgen que nos ayude a entender la misericordia de Dios y su Providencia en nuestra vida, para no desilusionarnos cuando no nos da lo que queremos, sino para que Él nos cambie el corazón y queramos lo que Él quiera, que al final siempre será lo mejor.

Ave María Purísima.


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