Donde está mi rey, allí está mi reino

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1. Isabel de Austria

En 1519 Cristián II es coronado rey de Dinamarca, por lo que su esposa, Isabel de Austria (nieta de Isabel la católica) era la nueva reina. Sin embargo, en 1523 la reina y su familia se disponía a abandonar Dinamarca, ya que hubo una rebelión de Federico I contra su esposo, el rey Cristián II.

Antes de abandonar Dinamarca, el rey Federico I le ofreció a Isabel permanecer en el país junto a sus hijos, a lo que ella, según la tradición, respondió: «Ubi Rex meus, ibi regnum meum» («Donde está mi rey, allí está mi reino»).

Prefirió quedarse junto a su Rey, junto a su Esposo, antes que permanecer cómoda en una tierra extranjera. Demostró su amor y fidelidad a la causa de su Rey, yendo con él al exilio y sufriendo su misma suerte, antes que traicionarlo por bienes mundanos.

Donde está mi rey, allí está mi reino.

2. María y su Rey

¿Sería atrevido pensar que esta fue una de tantas cosas que la Virgen María meditaba en su corazón al pensar en el Reino de los Cielos, en su Hijo, en su Dios, en su Rey? Probablemente meditaba el texto que hoy nosotros leíamos en uno de los cánticos de Laudes (1Cro 29,11): “Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, el esplendor, la majestad, porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra, tú eres rey y soberano de todo.”

“Donde está mi rey, allí está mi reino.” Habría podido decir nuestra Madre, refiriéndose al deseo de seguir a su Hijo hasta su exaltación regia, su elevación gloriosa en la cruz. Como dice el himno tradicional de Semana Santa “Vexilla Regis”:  “Cumplóse entonces lo que cantó David, diciendo a las naciones: “Reinará Dios desde el madero». ¡Árbol hermoso y refulgente, engalanado con la púrpura del Rey! Tú fuiste elegido en tu noble trono para tocar miembros tan santos.”[1]

3. Rege Maria en Nicaragua y en Perú

Eso es lo que quería María, ser fiel al Rey de los cielos cueste lo que cueste. Ella sabía que su Reino no era de este mundo, sabía que no era pasajero, que era eterno y lo único que podían quitarle, es la vida. Nada más. Su vida temporal, pero no su vida eternal.

Es por eso que nosotros le pedimos “Rege Maria”, Reina tú María, Reina tú sobre nuestras patrias y sobre nuestros corazones, para que podamos ser fieles a lo que tú nos pidas, incluso aunque tengamos que dar la vida por ello. Reina tú María sobre nuestras familias, que tu cuidado, ternura y correcciones de Buena Madre sean bien recibidas por tus hijos para poder encaminarnos más directamente al Cielo. Que nuestro tesoro esté en el Cielo, que lo único que queramos sea ser fieles a Nuestro Buen Jesús, Rey Pacífico.

Te pedimos especialmente por la conversión de Daniel Ortega y Rosario Murillo, por la conversión de Vladimir y Waldemar Cerrón, por el orden de nuestra sociedad peruana, para que los verdaderos patriotas puedan defender el reinado de Cristo en sus corazones y en la sociedad. Para que los pastores no tengan miedo de proclamar la verdad, porque es la única que nos liberará de toda tiranía y nos guiará hacia el bien común, sin esclavitudes ideológicas.

Reina tú María sobre nuestras patrias, sobre nuestros corazones. Queremos tenerlo puesto en el Cielo, porque donde está nuestro Rey, allí está nuestro Reino.


[1] Impléta sunt quae cóncinit

David fidéli cármine,

dicéndo natiónibus:

Regnávit a ligno Deus.

Arbor decóra et fúlgida,

ornáta Regis púrpura,

elécta digno stípite

tam sancta membra tángere.

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