Dice prudentes (no «vivos») y sencillos (no «zonzos»)

El corazón humano es complejo: ese lugar interior donde uno discierne, decide, se inclina, se justifica, se confunde o elige delante de Dios.

Por eso pedimos en esta Misa un corazón puro. Jesús dice: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8). Hace falta ver a Dios para elegirlo, y hace falta un corazón purificado para no confundir la propia intención con la voluntad de Dios.

A veces algo nos parece bueno y no lo es. A veces, con buena intención, uno puede tomar decisiones muy graves y equivocadas. Puede pasar en asuntos grandes, pero también en los temas de cada día: una conversación, una reacción, una manera de defender algo, una decisión tomada con apuro o con resentimiento escondido.

En el Evangelio, Cristo dice: “Miren que yo los envío como ovejas en medio de lobos; sean, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas” (Mt 10,16).

1. Como ovejas en medio de lobos

Santo Tomás comenta que Cristo envía a los apóstoles como ovejas en medio de lobos: ovejas por la mansedumbre, lobos por la rapacidad de los perseguidores.

Dios quiso enviarlos así, pobres, despreciados y sin armas, para que se manifestara que la fuerza de la misión no venía de la violencia humana, sino del poder de Dios (Santo Tomás de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, cap. 10, lect. 2, sobre Mt 10,16).

La clave está en esa doble indicación: prudencia y sencillez.

Santo Tomás dice que Cristo manda la prudencia para que los apóstoles eviten los males que otros quieren hacerles; y manda la sencillez para que ellos no hagan mal a nadie (Santo Tomás de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, cap. 10, lect. 2).

Esto es muy importante. El cristiano no tiene que dejarse engañar tontamente ni exponerse sin necesidad. El mismo Jesús, cuando fue abofeteado, respondió: “Si he hablado mal, muestra en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Jn 18,23).

No respondió con violencia, pero tampoco fingió que la injusticia no existía.

La prudencia cristiana sirve para caminar entre peligros sin perder a Cristo. La sencillez sirve para no convertirnos nosotros en lobos.

2. Guardar la cabeza, que es Cristo

Santo Tomás añade que la prudencia de la serpiente consiste, ante todo, en guardar la cabeza. Y la cabeza es Cristo.

El apóstol puede perder tranquilidad, prestigio, seguridad, comodidad. Puede exponerse y sufrir. Pero no puede perder la fe, la unión con Cristo, la integridad de la doctrina (Santo Tomás de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, cap. 10, lect. 2).

También toma de la serpiente otra imagen: cuando envejece, pasa por una abertura estrecha y deja la piel vieja. Así también nosotros debemos despojarnos del hombre viejo, como dice san Pablo: “Despójense del hombre viejo con sus obras” (Col 3,9; cf. Ef 4,22-24).

La prudencia no es cálculo mundano. Es saber qué hay que guardar y qué hay que dejar.

Hay cosas que uno puede perder. Otras no. Podemos perder comodidad, aprobación, imagen, tranquilidad. Pero no podemos perder a Cristo.

3. La sencillez de la paloma

La sencillez de la paloma completa esa prudencia. Santo Tomás dice que la paloma no tiene ira en el corazón; y que la simplicidad se opone a la doblez, a llevar una cosa en la boca y otra en el corazón (Santo Tomás de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, cap. 10, lect. 2).

Ahí está el examen.

No basta decir: “Tengo buena intención”. Hace falta mirar si hay ira, resentimiento, molestia, deseo de quedar bien, ganas de vencer, cálculo o doblez.

Uno puede decir cosas verdaderas y decirlas mal. Puede defender algo bueno y, en el modo, dañar a alguien. Puede tener razón en un punto y perder la caridad en el camino.

La paloma representa una conducta sin doblez: sin intención de dañar, sin deseo de venganza, sin malicia escondida.

Esto no significa callarlo todo. A veces hay que hablar. Pero hay que hablar guardando la caridad, la verdad y la rectitud del corazón.

4. Prudencia, no astucia

Por eso es importante distinguir prudencia de astucia.

La prudencia es virtud. Santo Tomás la define como recta razón de lo que debe hacerse: la razón práctica que ordena bien los medios hacia el fin (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 47, a. 2).

La astucia, en cambio, se parece exteriormente a la prudencia, pero no es prudencia. Santo Tomás la trata entre los vicios que se oponen a la prudencia por semejanza, porque usa caminos fingidos, simulados o falsos para alcanzar un fin.

Incluso dice que ni siquiera un fin bueno debe buscarse por medios falsos (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 55, a. 3).

Esto es delicado. No se puede usar un medio malo para conseguir un fin bueno. No se puede mentir para defender la verdad. No se puede manipular para proteger algo santo. No se puede dañar a una persona diciendo que se busca un bien mayor.

Cristo no nos manda ser vivos, tramposos o calculadores. Nos manda ser prudentes y sencillos: capaces de ver el mal sin imitarlo, evitar la trampa sin volvernos tramposos, enfrentar al lobo sin dejar de ser ovejas.

5. Pedir un corazón puro

Pidamos a la Virgen un corazón limpio para mirar delante de Dios lo que tenemos que elegir.

Un corazón que guarde siempre la cabeza, que es Cristo.

Un corazón capaz de caminar en medio de las dificultades con prudencia y sencillez, sin ingenuidad y sin doblez.

Que María nos alcance esta gracia: ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas, para elegir bien delante de Dios y no hacer mal a nadie.


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