Necesitamos azotes de misericordia

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A veces necesitamos que venga Jesús a tirarnos las mesas, desparrame las monedas, que espante nuestros bueyes y retire las palomas.

Necesitamos que cada tanto el celo por su casa lo devore y agarrando las cuerdas haga uno de esos azotes que tanto tememos pero que nos hacen poner en orden su templo.

A veces necesitamos que venga Jesús a tirarnos las mesas de nuestras propias estructuras humanas, que desparrame las monedas de nuestro amor propio y de nuestras obras que con tanta codicia hemos acumulado, que espante nuestros bueyes que son aquellas cosas que nos dan seguridad mundana y espante las palomas de nuestras miedos imaginarios y fantasías.

Necesitamos que nos socorra el celo por tu casa, Señor, esa tu casa que es nuestra alma, templo donde tú quieres habitar, necesitamos que te devore ese gran amor que nos tienes y que agarrando las cuerdas que nos atan a este mundo, las cuerdas de nuestro amor propio, de nuestras comodidades y nuestros deseos carnales hagas uno de esos azotes que tanto tememos, pero que nos hacen poner en orden tu templo.

A veces el azote de cuerdas no es físico, sino espiritual.

Cuánto necesitamos de esos azotes de misericordia para limpiar nuestra casa, para purificar nuestra alma y que puedas estar a gusto. Cuánto necesitamos darnos cuenta de nuestra depravación, de esas heridas dejadas por el pecado original y que lesionan nuestros amores. Tú sabes lo que hay dentro de cada hombre y de cada mujer, tú sabes cuánto necesitamos que tú seas Dios y que nos hagas recordar que lo eres.

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