Estar con Cristo, condición para el apostolado (San Simón y San Judas, apóstoles)

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Mons. Ángel Herrera Oria

I. Una lección ascética.

A. Cristo forma su colegio apostólico con los discípulos que habían estado con El desde el principio.

B. He aquí una lección ascética. Todo el que quiera ser apóstol, no solamente de un modo oficial, sino dando a su labor la mayor eficacia, uniendo a la virtualidad de lo que enseña la eficacia en el modo de enseñarlo, ha de vivir íntimamente unido a Jesucristo (cf. supra, Mons. Vizcarra, p.1156).

C. Veamos esta necesidad y los modos de realizarla.

II. Unión con Cristo por la fe y por el conocimiento.

A. Jesús ha dado a conocer toda su verdad a los apóstoles (Jn. 15,15-16).

  • Este conocimiento pleno que les ha dado de su doctrina es la señal de que los trata como amigos y de que van a dar frutos abundantes.
  • El misma Espíritu Santo es prometido como Espíritu de verdad, que les introduzca en el conocimiento pleno de la misma.

B. Dice Pío XII: “El primer impulso que debe mover al espíritu sacerdotal, debe ser el de unirse estrechamente al divino Redentor”.

  • “Para aceptar dócilmente y en toda su integridad las divinas enseñanzas”.
  • “Y para aplicarlas diligentemente en todos los momentos de su existencia”.
  • “De modo que la fe sea constantemente la luz de su conducta, y su conducta sea el reflejo de su fe” (cf. “Menti nostrae”).

III. Unión con Cristo por la santidad.

A. Santidad que consiste en huir del pecado.

a) Constituye un lamentable contrasentido el hecho de que viva en pecado la persona que comunica a otros la gracia santificante.

b) Pero, además, el ministerio de esa persona se inutiliza en gran parte cuando vive alejada de Dios.

c) Un pasaje del Antiguo Testamento es aplicable a las almas consagradas al apostolado.

1. Cuando Holofernes montó en cólera al ver que los hijos de Israel, desdeñándole, se preparaban para la guerra, llamó a todos los jefes, capitanes y sabios, y les preguntó: (…)

"Mientras no pecaron delante de su Dios, tuvieron prosperidad, porque con ellos está un Dios que odia la injusticia.  18  Pero cuando abandonaron el camino que Dios les había establecido, sufrieron tremendas derrotas en muchas guerras y fueron conducidos cautivos a una tierra ajena, el Templo de su Dios fue reducido a pavesas y sus ciudades cayeron en poder de los enemigos.  19  Ahora han vuelto a su Dios y han subido desde todos los lugares donde habían sido dispersados, se han apoderado de Jerusalén, donde está su Santuario, y han vuelto a poblar la región de la sierra que estaba desierta.  20  Ahora pues, señor y dominador, si este pueblo comete alguna falta y peca contra su Dios, si comprobamos que existe esa ofensa, subamos y luchemos contra ellos;  21  pero si en ellos no se encuentra iniquidad, pase de largo mi señor, no vaya a ser que su Señor y su Dios sea su escudo y nosotros seamos humillados delante de toda la tierra".

2. Ha sido larga la cita pero cargada de enseñanzas. El estado de desolación o la vida espiritual floreciente en una comunidad cristiana índica la presencia en ésta de almas verdaderamente apostólicas, en el segundo caso, o solamente de nombre, en el primero.

B. Santidad que consiste en estar unidos a Cristo por la gracia.

a) Ya lo dijo Jesús:

  • 1. «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos».
  • 2. «El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada» (Jn. 15,5).

b) Dice San Pío X: “Para restaurar todas las cosas en Cristo por medio del apostolado”:

  • 1. «Es menester la divina gracia, y el apóstol no la recibe si no está unido a Cristo».
  • 2. «Y solamente cuando hubiéremos formado a Cristo en nosotros, lograremos con facilidad formarle en las familias y en las sociedades».
  • 3. «Todos los que participan del apostolado deben, por lo tanto, poseer una verdadera piedad» (“Encíclica a los obispos de Italia”, 11 de junio de 1905).

IV. Unión con Cristo por la oración.

A. Los apóstoles mismos de tal modo entendieron esta necesidad de la oración para su obra de apostolado, que, dejando todas las demás actividades, entendieron que debían dedicarse a la oración y al ministerio de la palabra (Act. 6,4).

B. En este punto, las palabras de San Juan de la Cruz valen por todos los comentarios que podríamos hacer.

a) “Adviertan los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo can sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejado aparte el buen ejemplo que de si darían, si gastasen siquiera la mitad de este tiempo en estarse con Dios en oración, aunque no hubiesen llegado a tan alto como éste”.

b) «Cierto, entonces, harían más y con menos trabajo con una obra que con mil, mereciéndolo su oración y habiendo cobrado fuerzas espirituales en ella; porque de otra manera todo es martillar y hacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño”.

c) “Porque Dios os libre que se comience a envanecer la sal, que, aunque más parezca por de fuera, en sustancia no será nada, cuando está ciento que las buenas obras no se pueden hacer sino, en virtud de Dios…”

d) ‘Esto he dicho para dar a entender esta otra canción; porque en ella el alma responde por sí a todos aquellos que impugnan este santo ocio del alma y quieren que todo sea obrar, que luzca e hincha el ojo por de fuera; no entendiendo ellos la vena y raíz oculta de donde nace el agua y se hace todo fruto” (cf. «Cántico Espiritual» estr.29; BAC, «Obras completas de San Juan de la Cruz» [1946] p. 1105-1106).

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