Poner lo que tenemos: medios proporcionados al fin

Muy buenos días. Saludos desde Trujillo.

Hay un principio filosófico que se aplica siempre, en todos los campos de la vida: los medios deben ser proporcionales al fin. Si el fin es grande, los medios tienen que ser grandes. Si el fin es sobrenatural, los medios para alcanzarlo también tienen que ser sobrenaturales.

Por ejemplo, el que quiere ganar una maratón tiene que poner medios proporcionados: no basta entrenar una vez por semana. El que quiere terminar bien una carrera en la universidad o en el instituto tiene que estudiar de verdad, porque quiere llegar a ser un buen profesional.

Bueno, así también pasa hoy en el Evangelio. Jesucristo les propone a los apóstoles un fin que va muchísimo más allá de los medios que ellos tienen disponibles. Y eso es algo que nos pasa a todos. Jesús te propone algo que supera tus recursos.

Los apóstoles no tenían comida para tanta gente. Probablemente eran más de cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños (Jn 6,10; Mt 14,21). Es decir, podían ser muchísimos más. Y ellos apenas tenían cinco panes. Entonces aparece esa misma pregunta que nos hacemos tantas veces nosotros: “¿Y ahora qué?”

1. Cristo pide un fin más grande que tus fuerzas

Tú sabes que los medios que tienes no son suficientes para el fin que Cristo te propone. Pero igual hay que ponerlos.

Si Dios te está pidiendo algo, Él sabe perfectamente lo que no tienes. Entonces lo que toca es poner lo que sí tienes, aunque sea poco.

Pensemos, por ejemplo, en tu casa. Sabes que hay alguien que te hace perder mucho la paciencia, o con quien la convivencia es muy difícil. Y sabes también que Jesucristo quiere que puedas llevarte bien con esa persona, que perdones, que sanes esa relación. Ese es un fin bueno. Más todavía: es un fin sobrenatural.

Pero tú también sabes que los medios que tienes —la paciencia, la comprensión, la serenidad— son poquitos. Y además estás herido. Entonces no puedes hacer con facilidad lo que Cristo te está pidiendo.

¿Y qué deberías hacer? Poner lo poco que tienes. Ese poquito de paciencia. Esas dos moneditas de la viuda (Lc 21,1-4). Eso que parece insignificante, pero que es todo lo que tienes hoy para darle a Dios.

2. Jesús junta tus medios pobres con su poder

Eso es lo que hace Jesucristo en el Evangelio. Toma esos cinco panes y, sobre esa pobreza humana, pone lo que falta: su poder, su misericordia, su ayuda (Jn 6,1-13).

Y así también obra con nosotros. Tú pones los medios humanos que tienes. Pones ese poquito de paciencia. Ese pequeño esfuerzo por callarte. Ese intento de perdonar. Ese acto de obediencia. Y luego Cristo añade los medios sobrenaturales: la gracia, la oración, la penitencia, los sacramentos, la mirada de fe.

Entonces se puede alcanzar el fin, como Jesucristo quiere.

No siempre como tú te imaginas. Y eso también hay que entenderlo bien.

Porque puede pasar que, aun poniendo los medios humanos y sobrenaturales, el resultado no sea el que tú estabas esperando. Puede ser que no se dé la reconciliación como tú la querías. Puede ser que esa persona no cambie. Puede ser que la paz no llegue del modo que habías pensado.

Pero, después de haber puesto lo que tenías y de haber confiado en Dios, vas a descubrir que el fin sí estaba orientado hacia donde Cristo quería llevarte.

3. Hay que discernir también el fin

Eso fue, justamente, lo que pasó en el Evangelio. Los que comieron los panes multiplicados se saciaron. Pero juzgaron el fin de una manera demasiado humana.

Jesucristo quería alimentar a la gente, sí, pero también quería probar la fe de sus discípulos y suscitar la fe de los que recibían ese pan, para que creyeran en Él como Mesías, pero no como un mesías político o terreno, sino como el Enviado de Dios, el verdadero Salvador (Jn 6,14-15.26-27).

En cambio, la gente pensó: “Este nos da de comer, entonces éste tiene que ser rey”. Juzgaron el fin de una manera muy humana.

Y ahí está una lección para nosotros. No basta discernir qué me pide Cristo. No basta discernir qué medios tengo. Hace falta también discernir cuál es el fin que Cristo quiere realmente, porque puede no coincidir exactamente con lo que yo esperaba.

Discernir significa distinguir. Mirar con atención los movimientos del alma, las inspiraciones, las buenas ideas, lo que pasa dentro de uno, para ver primero qué me pide Dios; segundo, con qué medios cuento; y tercero, hacia dónde quiere llevarme de verdad.

Porque muchas veces nos damos cuenta de que tenemos medios, pero no alcanzan. Y ahí comienza la vida de fe.

María nos ayude a discernir cuál es el fin que nos propone Jesucristo, cuáles son los medios que tenemos y cómo cumplir su voluntad. Porque, al final, Cristo solo espera que pongamos lo que está a nuestro alcance, con generosidad, sin negligencia, sin mezquindad y con mucha fe.

Dios te bendiga.


Descubre más desde Morder la realidad

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Morder la realidad

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo