[Crónica] Misión infantil

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La misión popular es un tiempo de misericordia, en donde Dios derrama especiales gracias en el pueblo que recibe a los misioneros, como en el caso de Mollepata. Particularmente estos frutos se ven de una manera diáfana en los niños.

Esto es algo que me ha impactado terriblemente estos días: el deseo de «ser buenos» que tienen los niños. No es otra cosa que el deseo trascendental de poseer a Dios. Es impresionante cómo es que se pueden encontrar almas puras que verdaderamente lo desean, se sienten muchas veces desamparados y sufren por los malos ejemplos que ven en los mayores.

Nuestro Directorio de Misiones Populares (algo así como el «manual» que tenemos para hacer estas actividades en nuestra familia religiosa) lo pone bien claro: «San Pío X, cuando invitaba a los niños a recibir la primera comunión a los siete años de edad decía: «entre estos niños, los habrá santos».

Este es el fin de la misión infantil, que conozcan y amen mucho a Jesús, pues en esto consiste la santidad del niño. De este modo se realiza, de una manera particular, el fin de las misiones tradicionales que señalaba San Alfonso María de Ligorio: la conversión de los pecadores.»

Los niños que hemos podido encontrar aquí son una muestra bellísima de esta realidad. Entre los acólitos, los niños del oratorio, sus hermanitos o los que encontramos aún tímidos en sus casas, todos tienen la ilusión de «ser buenos». La conciencia pura es una muestra de la clarísima luz del Espíritu Santo, que no encuentra tinieblas que la opaque.

Rezamos por estos niños, para que puedan tener buenos ejemplos en sus casas o la ayuda de la gracia para ser ellos mismos ese buen ejemplo para nosotros.

Dios los bendiga,

¡Viva la misión!

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