Espiritualidad

“Seguir a Cristo” no es “seguirme a mí mismo”

Tiempo de lectura: 3 min. Muchas veces queremos seguir a Cristo, pero “a nuestra manera”, con un seguimiento hecho a nuestra medida. 1.      “Mi medida” como un error por exceso Considerándolo como un error por exceso, esto puede consistir en tener realmente deseos grandes de santidad y de seguir a Cristo, pero con una santidad… no digamos “ideal”… sino “irreal”. …

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Quedarse firme al pie de la cruz

Tiempo de lectura: 2 min. Uno de esos conocimientos esenciales para nuestra vida y que no nos vienen “instalados” tiene que ver con el sufrimiento. Creo que podría entenderse en tres etapas: primero, el aprender a enfrentar adecuadamente aquello que no nos gusta; segundo, reconocer que no todo sufrimiento es malo, por el contrario, puede ser muy bueno; tercero, una vez conocido y amado, aprender a no soltarlo. En otras palabras: aprender a cargar la cruz, amándola tanto que no la sueltes por nada. Esto es lo que los santos llaman “la ciencia de la cruz”…

Elementos de vida espiritual – San Alberto Hurtado

Tiempo de lectura: 9 min. Documento redactado en París en noviembre de 1947 P. Alberto Hurtado, La búsqueda de Dios, pp. 28-34 1. Una espiritualidad sana Los que se preocupan de la vida espiritual no son muchos; y, desgraciadamente, entre ésos no todos van por camino seguro. ¡Cuántos, durante decenas de años, hacen meditación y lectura sin sacar gran provecho! …

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Madre suya y madre nuestra

Tiempo de lectura: 3 min. El padre Antonin Lhoumeau fue superior general de los monfortianos de 1903 a 1919 y su obra cumbre fue el libro “La Vida Espiritual en la escuela de San Luis María Grignion de Montfort”. Él se pregunta: ¿Hacia dónde tiende esta devoción de Esclavitud total a Jesús por María? ¿Cuál es el objetivo? «A la …

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Beato María Eugenio del Niño Jesús: Oración, fe y aridez espiritual

Tiempo de lectura: 5 min. «La oración, considerada en la parte de actividad que a ella aporta el alma, no será otra cosa que la fe amorosa que busca a Dios, y puede considerársela como una sucesión de actos de fe. En consecuencia, si, en la sequedad e impotencia, el alma se ejercita, fielmente en actos de fe y amor, puede creer que hace buena oración, incluso si no llega a experimentar sus efectos.»

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