1. Conocerlo por dentro para amarlo de verdad
En esta segunda parte de los Ejercicios le estamos pidiendo a Dios una gracia muy concreta: conocer más internamente a Jesús. Conocerlo, conocerlo cada vez más, para amarlo más. Y que, por conocerlo, estemos más enamorados de Él; que nos sintamos atraídos en la práctica, de modo que podamos seguirlo de verdad.
Porque por eso pedimos un conocimiento interno: para más amarle y más seguirle.
2. “Lo sigo… pero siento que lo amo poco”
Ahora bien: uno puede decir con sinceridad: “yo lo estoy siguiendo”. Él me llamó como religioso: “Ven y sígueme” (cf. Mt 19,21; Mc 10,21; Lc 18,22). Lo sigo. Pero también puede aparecer otra frase: “siento que no lo amo mucho”.
¿Qué significa eso? ¿Qué está mal?
Aquí cambia la lógica. Porque Él nos amó primero: “Nosotros amamos porque Él nos amó primero” (1 Jn 4,19). Lo seguimos no por nuestro amor, no porque lo merezcamos por nuestro amor —que siempre será poquito—, sino por el amor de Él.
Y esto es clave: Él nos ha elegido. Lo dice el Señor con toda claridad: “No me eligieron ustedes a mí; soy yo quien los elegí a ustedes” (Jn 15,16). Ese es el orden: Él me ama, y por eso me llama.
3. La gratuidad se aprende por la propia fragilidad
Cuando vamos viendo esta verdad en nuestra vida —muchas veces gracias a nuestras debilidades, fragilidades y caídas—, vamos entrando más en la gratuidad de su amor. Nos damos cuenta de que no lo merecemos, de que no hemos tenido la iniciativa. Él nos llamó porque nos amaba.
Y aquí aparece un obstáculo muy típico: a veces no lo sentimos, porque pensamos que nuestro valor no viene de Dios que me ama a pesar de mis pecados, sino que pensamos que Él me ama porque yo hago algo. Entonces entramos en la lógica de las obras como si ahí estuviera mi valor: busco agradar, agradar a Dios, agradar a los demás… y me pierdo.
4. “No necesitas de nadie para estar completa”
Esto también se nota cuando buscamos el valor en “completarnos” con alguien, como si necesitáramos a otra persona para sentirnos completos.
Y no. No necesitas de nadie para estar completa. Ya estás completa. Dios te ha amado completamente, con todas tus gracias y todas tus miserias. No necesitas de nadie para que Dios te ame: Dios ya te ama, y por eso te llamó.
La única manera de “completar” esta llamada es corresponderle: en la práctica, con lo que Dios le está mostrando a cada uno en el corazón. Pero lo primero es que esta verdad baje al corazón: el valor que tienes no nace de lo que produces, y no nace de otra persona. El valor que tienes nace de Dios, de la mirada que Cristo ha puesto sobre ti.
5. Una fuente segura de autoestima: el amor incondicional de Dios
Michele Esparza, en su libro Amor y autoestima, lo dice de manera muy clara: nada dignifica tanto como sabernos amados. Y señala que la única fuente segura de autoestima está en el amor incondicional de Dios, no en otra persona, ni en las cosas que hago, ni en “cómo soy”: es Dios.
Y para ustedes hay todavía algo más grande: no solo han sido amadas como criaturas, ni solo redimidas como hijas. Han sido llamadas a una vocación de especial intimidad.
Dom Columba Marmion lo expresa con fuerza: el alma es invitada por el Verbo a la dignidad de esposa suya. ¿Qué dignidad mayor que esa?
6. Recibir el amor hoy
Entonces, Cristo te llamó porque te amó. Y porque te amó, tú sí vales la pena, así como eres. No necesitas de nadie ni de nada para ser amada por Dios.
Pidamos que esta verdad baje al corazón y se note en nuestro modo de actuar: que nos sintamos realmente amados por Dios. Y que lo recibamos, especialmente porque Él se nos da como alimento todos los días.
No hay nada que esperar: hay que recibir.
Ave María Purísima.
Descubre más desde Morder la realidad
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

