1. El mayor engaño
¿Cuál es el mayor engaño del diablo? Hacernos creer que no existe.
El diablo es un ángel caído, un ángel que se separó de Dios. Y odia a Dios con toda su alma. Si pudiera aniquilar y aniquilarse, lo haría. Pero como no puede, odia todo lo que sea criatura, todo lo que sea semejante a Dios: nos odia a nosotros. Y lo que quiere es simple: que nos alejemos de Dios.
2. Acción ordinaria y acción extraordinaria
Los exorcistas suelen explicar una distinción importante:
Acción extraordinaria: lo que uno se imagina en las películas: posesiones, fenómenos raros, cosas que se mueven. Acción ordinaria: lo normal, lo de todos los días: la tentación.
Y aquí viene la pregunta: ¿qué es más peligroso? La respuesta es clara: la acción ordinaria, la tentación. Porque si tú caes en la tentación, tú mismo te alejas de Dios desde adentro, voluntariamente. En cambio, lo extraordinario es externo: no te obliga a nada.
Además, la tentación es de todos los días: ganas de perder la paciencia, pensar mal de alguien, decir una mentirita “piadosa” (que no existe), buscar un gustito indebido. Todos los días.
3. Qué es la tentación y qué no es
Entonces, ¿qué es la tentación? Un engaño del demonio para que te alejes de Dios.
Y ojo con esto: es un engaño de alguien más inteligente que nosotros, porque es un ángel. Si ustedes comparan con cualquier inteligencia artificial, un ángel es muchísimo más poderoso. No porque adivine el futuro (eso solo lo sabe Dios), sino porque te ve, te conoce, sabe tus gustos, y hasta puede prever con mucha probabilidad cómo caerías si te pone una trampa concreta.
Pero otra precisión igual de importante: tentación no es pecado.
Tentación: el ataque, la propuesta, el engaño. Pecado: cuando tú aceptas la tentación.
Jesús fue tentado (cf. Mt 4,1-11), pero no pecó. Por eso, siempre seremos tentados; la cuestión es cómo respondemos.
4. Dos causas de la tentación
La tentación puede venir de dos lados:
El demonio. Puede hacerte pensar, imaginar, recordar, sugerir. Tú mismo. Tus vicios, tu temperamento, tu modo de reaccionar.
No le echemos toda la culpa al diablo. Hay cosas que vienen de ti: tu impaciencia, tu mal humor, tu modo de tratar en casa, esa tendencia a gritar o a pensar mal. Eso también es combate.
5. Efectos: caída o mérito
¿Qué pasa con la tentación?
Si caes, terminas en un pecado (leve o grave). Si no caes, hay mérito: pasaste una prueba, y eso te vuelve más humilde, más precavido, más fuerte por dentro.
6. La estrategia del demonio (Génesis)
La estrategia aparece desde el inicio, en el relato del Génesis (cf. Gn 3,1-7). Se puede enumerar:
El demonio entabla diálogo. Tú respondes: entras al terreno. Replica con un argumento más fuerte. La cosa se vuelve apetecible. Caída: se peca. Se abren los ojos: te das cuenta de lo que hiciste. Desilusión y vacío.
Una pregunta sencilla lo confirma: cuando pecas, ¿te sientes mejor o peor? Al final quedas vacío, alejado de Dios.
7. Remedios: naturales y sobrenaturales
Hay remedios naturales: trabajar el temperamento, poner orden, no dejarte llevar por la flojera, ponerte las pilas, ayudar en casa, tomar medidas concretas si sabes que pierdes la paciencia fácil.
Pero el remedio final es sobrenatural: Jesucristo. Y aquí entra lo que dice San Pablo: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom 5,20).
Por eso:
Confesión: te sana y te fortalece para resistir. Eucaristía: te robustece por dentro para detectar el engaño y sostener el combate.
Pidámosle a la Virgen María que nos ayude a darnos cuenta de este combate espiritual y a resistir la tentación poniendo toda la confianza en Dios: “Dios es fiel… no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas” (1 Cor 10,13).
Ave María Purísima.
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